26 de noviembre de 2025.
El futuro del nuevo estadio de Tigres empezó a tomar forma no en un terreno de construcción, sino en un documento entregado esta mañana en el Congreso de Nuevo León. Con carpeta en mano y después de semanas de preparación en sus respectivos Ayuntamientos, los alcaldes de San Nicolás y Monterrey, Daniel Carrillo Martínez y Adrián de la Garza Santos, acudieron a la Oficialía de Partes para solicitar que el Poder Legislativo apruebe una redefinición de límites entre ambos municipios.
Ese ajuste territorial —que Monterrey ya cedió formalmente a San Nicolás— comprende cerca de mil 500 metros lineales, alrededor de 30 mil metros cuadrados, en el corredor de Manuel L. Barragán, desde su cruce con Fidel Velázquez, enlazando la avenida Nogalar y la lateral que conduce al Estadio Universitario. Un trazo aparentemente técnico, pero esencial para que la Universidad Autónoma de Nuevo León pueda completar los permisos del nuevo recinto.
Carrillo Martínez explicó que la modificación es el punto de arranque de un proceso más amplio, que permitirá trasladar áreas públicas al patrimonio de la UANL y, con ello, avanzar en la serie de trámites que exige un proyecto de esta magnitud. Agradeció a Monterrey y a su Cabildo la disposición para liberar el tramo requerido, señalando que la decisión beneficiará no solo a los dos municipios involucrados, sino a toda la zona metropolitana.
El edil nicolaíta añadió que, conforme avance la reconfiguración, también se impulsarán adecuaciones de movilidad alrededor del futuro centro de espectáculos, un tema que —admitió— será tan determinante como la obra misma.
Adrián de la Garza, por su parte, destacó que con la entrega de la solicitud al Congreso se despeja una de las dudas más persistentes en torno al proyecto.
“Hoy podemos decir que el nuevo estadio de Tigres es algo serio, firme y tangible”, expresó, subrayando que la aprobación legislativa convertiría el plan en una realidad inmediata.
Ahora será el Congreso quien defina los pasos siguientes. Pero, por primera vez en meses, los dos alcaldes coinciden en algo que hace apenas unos años parecía lejano: el nuevo estadio felino ya no es una promesa, sino un proyecto con ruta trazada en el mapa y con destino claro.
